Michel LIENARD Ya que en su infancia vivió inmerso en un universo de creatividad con un padre pintor y un abuelo pintor decorador, Michel LIÉNARD recibió incuestionablemente lo que se llama un don, una sensibilidad única.
La cual lo lleva sin descanso a explorar las formas idiomáticas y escriturarias, los colores vivaces y honestos que salpican el conjunto de su obra, confiriéndole esta luz interior siempre radiante y esta firma obvia y original, señal de una verdad escandalosa y de una humildad siempre subyacente. !
Catedrático de artes plásticas, en Mons en Bélgica, Michel LIÉNARD enseña a partir del año 1969 para ganarse la vida y deja que se exprese su creatividad de artista (para no perderla!).
Sin embargo el acto de pintar, el oficio de pintor nunca han constituido para él un oficio intelectual, así es como nos lo confía.
Se trata sobre todo de algo que tiene que ver con el deseo, este deseo que es el del humano por excelencia. 
Se está en una escucha, una disposición, una apertura, y luego se expresa lo que viene. 
El pintor no es de alguna manera nada más que el revelador. 
Quien aporta lo que lleva dentro, sin necesariamente tener ni  la conciencia  ni el control.
Más tarde vendrá la reflexión; en una exposición, cuando las preguntas suscitarán el análisis.
Ser humilde, no se controla todo; nuestra obra nos escapa,  quizá  crecerá por sí misma y fuera de nosotros, y es imposible definir realmente en que cada pintura nos hace evolucionar.
Lo que voy imaginando es un signo, son varios signos dibujados y  dibujados otra vez, como una escritura, hasta que se vuelvan míos.
Macrofotografías  proyectadas, dejan a la vista fragmentos de un conjunto siempre inacabado, luego viene el color, violento u suave pero intenso y vivo siempre revelando el cuadro,  los cuadros ; y los cuadros en sus propias luces, se suceden chorreando de una misma fuente y con todo, siempre otros..

Algunos vídeos 
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