NIK pinta a la gente humilde, a los hombres en el trabajo.
Sin lirismo, sin ironía, pero sí con un respeto infinito y una inmensa ternura.
Al nivel formal tenemos por lo tanto una gran economía de medios, cierta denegación de la teatralidad y, por fin, unos colores muy alegres.
No vemos arquetipos y tampoco Vascos.
Si cambias el decorado, entonces tendrás el tema del cuadro, el eterno humano en su diversidad.

Se trataría pues más bien de un manifiesto humanista, a la vez sereno y alegre, de una alegría no exenta de tristeza (la soledad en primer lugar, y también la dolorosa conciencia de la ambivalencia humana).
Claude Eloi

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